— ¡Eh, Alex! —Bradley la llama
desde el otro lado de la sala. Eli se incorpora y deja de meter sus cosas en la
bolsa para darse la vuelta y prestarle atención—. Vamos a ir a tomar algo. ¿Te
apuntas?
El chico sonríe con esa sonrisa
encantadora de dientes blancos que tiene, y sus ojos azules la miran desde
lejos con intensidad. Eli nota cierta súplica en ellos, ganas de que acceda.
—Lo siento, Brad, no puedo.
Además… Estoy agotada —responde, pasándose el antebrazo por la frente brillante
por el sudor y retirándose el flequillo.