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lunes, 21 de abril de 2014

The School (Jeanne, 2)

<<Bueno Jeanne, mantén la calma. No pasa nada>>. Suspira molesta. Nunca le ha gustado el instituto, ¿por qué tiene que ir? Su padre le dio el ultimátum de que o empezaba a ir a clase cuando iniciara el próximo semestre o la llevaba de vuelta con su madre. Jeanne aguantó todo lo que pudo evitando volver al colegio, pero cuando su padre le dijo eso, sabía que no había que buscarle las cosquillas y que debía acatar las órdenes.

De todas formas odia la idea de ir a clase. No necesitaba nada de lo que le ofrecía; su filosofía se basaba en que el colegio no te enseña lo que necesitas realmente en la vida. Te meten un montón de palabras, cifras y datos en la cabeza y te obligan a memorizarlos para luego ponerte a prueba. Y muchas de esas cosas luego no las volvería a utilizarlas en toda su vida. Algunos son conocimientos básicos, pero Jeanne puede aprender todo lo que desee y necesite por su cuenta y cuando quiera. Que se lo impongan le quita toda la gracia.

domingo, 23 de febrero de 2014

Oh, my, God (Jeanne, 1)

Después de dejar las cosas en un hotelillo barato, Jeanne se precipita a la noche para dar un paseo. La llegada a Londres no le había causado una primera buena impresión; el tren estaba hecho un asco, un viejo verde de su mismo vagón no paró de mirarla durante todo el trayecto, algo que le resultó repulsivo y asqueroso, y le costó horrores encontrar un alojamiento que pudiera permitirse. No sabía cuánto tiempo iba a estar allí, cuánto tiempo duraría su cometido, así que lo mejor era alojarse en un sitio barato, barato y horrible, ya puestos a entrar en detalles. Sólo sabía que si se quería duchar en el baño de su habitación, necesitaría de un control mental enorme el olvidar lo sucio que estaba aquello. Por lo menos la cama era confortable dentro de lo que cabía.

No se encontraba por el centro de la ciudad, así que está paseando por calles menos concurridas. Las luces iluminan en tonos sepia las calles, y algunos escaparates dan un tono blanco incandescente. Mira todo con bastante curiosidad aunque no con mucho entusiasmo; hacía frío y haber salido a toda prisa de casa no le permitió hacer una maleta en condiciones. Tenía lo justo, pero no lo necesario, lo que la tenía un poco desanimada. Por los escalofríos que empieza a sentir cada vez que da un paso su cabeza le repite una y otra vez que vuelva rápido al hotel, que aunque sea horrible, por lo menos ahí estará calentita y tranquila. Así que no espera ni un minuto más y, girando sobre sus talones con gracia, vuelve por donde ha venido.