Para Hamish, la librería de su
abuelo era el mejor sitio del mundo. Nada se podía comparar a ella. Justo al
lado de la pequeña tienda de libros tenía un piso donde vivía con el viejo Paul
Doyle; era una casita modesta y empapelada con dibujos y bocetos del pequeño
Hamish. Le encantaba dibujar, dibujar y leer. A su corta edad había leído
muchos libros, desde novelas policíacas hasta romances de época, ya que todos
tienen historias interesantes que contar.
Caminando en dirección a la
librería, recaba en si tiene pendiente alguna tarea del instituto para el día
siguiente, ya que se había ido a dar una vuelta al parque a dibujar y no se acuerda
de si había dejado todo listo para el día siguiente. Cuando entra en la
librería y dirige su mirada al mostrador, se paraliza durante un segundo; había
una joven, alta y esbelta, de pelo castaño muy oscuro y ojos azules que no
conocía de nada. << ¿La nueva
encargada? —se acuerda de que el abuelo dijo algo al respecto—. La nueva encargada>>, confirma. Hacía
unos días que no pasaba por la librería; es la primera vez que la ve. La chica
levanta la vista de unos papeles que hojeaba con atención e interés y le
sorprende con una mirada interrogativa pero dulce.